Hace unos años, llegué a trabajar más de 80 horas semanales.
Y no es que fuera una workaholic aspiracional de esas que presumen en LinkedIn.
Era simplemente que «tenía que» sacar adelante mi emprendimiento digital mientras continuaba trabajando como veterinaria a tiempo completo.
Mi cuerpo me mandaba señales: sufría cansancio constante, surgían dolores corporales que ignoraba, pasaba noches sin dormir bien, caía en hábitos poco saludables,…
Pero yo seguía empujando y engañándome al decir que «ya descansaré cuando me reinvente al 100%».
Hasta que mi cuerpo dijo basta.
Sufrí una lumbalgia con un dolor tan intenso que terminé hospitalizada porque ni los médicos lograban controlarlo. Y ahí, en esa cama de urgencias del hospital, llegó para mí lo más doloroso de todo.
Me di cuenta de que yo misma me había llevado hasta allí por no escucharme 😔
A raíz de tocar fondo en ese momento, comencé un largo proceso de recuperación, tanto física como mental. Y en ese proceso aprendí a escucharme más y forzarme menos.
Aprendí que planificar sin tener en cuenta mi energía es como intentar conducir sin echar gasolina.
Puedes seguir pisando el acelerador todo lo que quieras, pero tarde o temprano te quedarás tirada.
Por eso, hoy quiero enseñarte el primer paso que yo di para salir de ese ciclo: aprender a reconocer tus propios ritmos de energía antes de que tu cuerpo te obligue a parar.
📌 El truquito de la semana
Una de las primeras cosas que hice fue algo súper sencillo pero que cambió completamente mi forma de trabajar: mapear mi energía.
Y no, no necesitas apps complicadas ni plantillas perfectas. Solo necesitas observarte durante una semana (o mínimo 5 días) y anotar tres momentos clave cada día.
Tu mapa energético
Durante los próximos 5-7 días, anota en tu calendario, móvil o agenda:
💡 Tu momento de claridad mental: ¿Cuándo tu mente está más despejada y te sientes capaz de resolver problemas complejos? Para mí son las mañanas, entre 8 y 11h.
🔥 Tu pico de creatividad: ¿Cuándo te sientes más inspirada, con ganas de crear o proponer ideas? En mi caso suele ser a media tarde, sobre las 16-19h.
😴 Tu momento de bajón: ¿Cuándo notas dispersión, cansancio o que estás en «modo zombie«? Yo lo tengo clarísimo: después de las 21h ya no soy persona 😅
No hace falta que seas súper precisa.
Al cabo de unos días, verás patrones claros. Y ahí empieza la magia de escucharte. Entonces podrás organizar tus tareas según tu energía:
- Guarda las tareas que requieren concentración (como escribir o definir una estrategia) para tus momentos de claridad mental.
- Reserva las tareas creativas (como crear contenido o hacer brainstorming) para tus picos de creatividad.
- Y deja lo rutinario (como responder emails o archivar facturas) para cuando estés en piloto automático.
Te muestro uno de mis mapas energéticos (ya que este ejercicio lo realizo de forma recurrente):
Mi reto para ti
Después de mapear tus ritmos, elige UNA tarea importante que normalmente haces en un mal momento y muévela a tu horario ideal.
Solo una. Esa pequeña victoria te demostrará que trabajar con tu energía (y no contra ella) cambia cómo te sientes al final del día.
Y si quieres contarme qué tarea moviste y cómo te fue, responde a este email. Siempre me hace ilusión leerte 😊
😺 Sabiduría felina
Cada día, Taka dedica un buen rato a acicalarse. Se lame las patitas con calma, se limpia el pelaje, se estira…
No lo hace solo cuando está sucia. Lo hace constantemente, como parte natural de su día.
Eso es mantenimiento, en lugar de reparación de urgencia.
Nosotras hacemos justo lo contrario: posponemos el autocuidado hasta que el cuerpo nos obliga a parar. Como me pasó a mí, terminando en un hospital.
Los gatos nos recuerdan algo que olvidamos constantemente: escucharte no es algo que haces una vez al año en vacaciones. Es algo simple que necesitas hacer cada día.
💡 Cita para pensar
Listen to your body. It will tell you what it needs —Deepak Chopra
Gracias por dedicarme tu tiempo y atención.
Ojalá esta semana te regales un momento para escucharte y conocer tus ritmos, antes de que tu cuerpo tenga que gritarte.
Nos leemos la semana que viene.
Un abrazo con calma y alma,
Shirly



